No sé comunicarme con la gente, ¿Cómo comunicarme mejor?

El miedo al rechazo

 

Un gran tema a nivel vincular es el tema de la comunicación. «Me gusta esa chica pero no sé cómo hablarle», «Siempre que trato de hablar acabo discutiendo», «No puedo comunicarme con naturalidad con la gente, no sé qué decir»,  sin duda alguna son frases que escucho a menudo en mis sesiones. Desde luego que el tema no lo vas a solucionar solamente leyendo este post, aunque espero que te aporte algo de luz para saber por dónde empezar.

 

Tras los problemas de comunicación se suelen esconder problemas más complejos. Primero va el corazón y luego la técnica, pero te aseguro que el asunto no se soluciona mágicamente siguiendo los 4 tips para comunicarte mejor del influencer de turno, (que no digo yo que estos tips no funcionen, ¿eh?) lo que digo es que lo que nos bloquea el poder comunicarnos no es tanto no usar las palabras correctas (qué también porque ciertas palabras o frases activan los egos de los demás) sino los bloqueos inconscientes que arrastramos desde Dios sabe cuándo. De todos estos bloqueos el miedo a ser heridos de rechazo mortal encabeza el ranking de motivos más comunes. Este miedo es tan profundo y tan arraigado en el inconsciente de la persona que hay que bucear un poquito en los traumas antes que aconsejarle valentía y autoaceptación radical.

 

El coaching motivacional puede estar muy bien, pero solamente funciona si se trabaja paralelamente la raíz del miedo y se pone lo aprendido en práctica, la raíz siempre, siempre, siempre está en alguna experiencia que nos dolió y nos desconectó de nuestro valor y amor propio. Desde entonces me escondo – no me comunico, no me muestro del todo – para no ser rechazado y así me protejo del dolor. Un clásico de la herida del rechazo. Un mecanismo perfecto para protegernos pero que a la larga se traduce en aislamiento y en incapacidad de vincularnos ¿Cómo revertir entonces este proceso?.

 

Bueno, te cuento aquí mis conclusiones tras trabajarlo, primero para mi, y luego trabajando con otras personas.

 

El abandono de las expectativas

 

¿En principio no te consideras una persona que hable poco o una persona cerrada pero sientes que muchas veces no te fluye? Un consejo, OBSERVA cuando tienes expectativas. La comunicación no fluye cuando tienes expectativas y hablas esperando una respuesta o una reacción en concreto, porque si esperas algo en concreto y esto no sucede, te bloqueas y no sabes cómo continuar, te bloqueas y en el mejor de los casos sigues con tu vida y ya está, pero en el peor de los casos sentirás rechazo porque sientes que la otra persona no quiere vincularse contigo, cuando a veces lo único que sucede es que no sabe o no puede o no desea hacerlo por lo que sea.

 

En este punto de la historia hay que echar la memoria hacia atrás y recordar la experiencia con un padre ausente, frio, inaccesible o poco afectivo y observar si no estoy eligiendo personas del mismo perfil para solucionar algo que no pude solucionar en mi infancia. Puede que no sea tu caso, tú observa, sólo observa, porque resulta que tu padre quizás no sabía comunicarse, pero tú tampoco. A ver si te vas a dar cuenta de que compartís miedos, dolores y os parecéis más de lo que creéis. Pero bueno, a él no puedes cambiarle. Soluciona tú lo tuyo y deja de culpar a quién no supo hacerlo mejor. Tú estás aquí hoy leyendo esto, de modo que de entrada ya tienes mas recursos de los que tenía él.  También puede ser con la madre, pero las implicaciones y consecuencias son diferentes.

 

La cuestión es que quizás quieres una relación donde la comunicación sea fluida y no puedes estar forzando esperando que la otra persona se comunique para poder sentir su amor. Independientemente de que para que una relación funcione en necesario saber comunicarse, no hay que confundir comunicación con amor. El amor tiene muchos lenguajes y uno de ellos son los actos de amor ejecutados en silencio. Mira Dios, hablar, lo que se dice hablar no habla, o al menos no directamente.

 

Una cuestión de espontaneidad y de ser uno mismo

 

La solución al abandono de las expectativas (como para casi todo) suele ser girar la cámara y quitar el objetivo del escenario para volverlo hacia uno mismo.  Dejar de observarme desde fuera y volver a mi centro. Esto es, comunicarme yo, hablar yo, preguntar e interesarme por la otra persona sin esperar nada en concreto de vuelta.  Dejar de pensar que molesto y dedicarme a SER. Al comunicarme yo desde la espontaneidad facilito a su vez que la otra persona se sienta cómoda para hablar o para no hacerlo. Que una persona no hable mucho no significa que la molestes. Quizás precisamente lo que necesite esta persona para atreverse a hablar es sentirse cómodo y en confianza y eso se lo podemos dar creando ese clima, esto es, siendo nosotros mismos.

 

Ese clima se crea cuando me comunico sin expectativas, ya que si tengo expectativas sobre esa persona lo que va a pasar es que esa persona se va a sentir presionada porque va a sentir que «tiene que decir algo» y todo va a fluir menos aún.  En fin, que como se junten dos con problemillas vinculares se junta el hambre con las ganas de comer.

 

Comunicarse con las personas desde la naturalidad, abriéndose uno primero y expresando lo que siente sin esperar que los demás lo hagan les otorga un espacio en el que ellos se pueden comunicar de forma más segura. A veces también es común encontrar en el historial traumático de estas personas una historia de represión de la comunicación, alguna historia relacionada con que lo efectivizado en casa era estar calladita, y se negaba, cancelaba o culpabilizaba al niño cada vez que decía lo que pensaba.

 

Historias hay miles.

 

Trabajar las inseguridades

 

Y es por eso que he escrito al principio de este post que hay que llegar a la raíz antes que nada.  Para crear yo este espacio seguro y fluido debo trabajar en mis inseguridades. Porque de poco sirve que queramos mucho a alguien si esta persona no se entera, y es también muy difícil que nos quieran si no nos dejamos ver y nos escondemos en el silencio de nuestra cueva – solitaria- pero segura.  Ayuda bastante dejar de pensar que molestamos, que no somos interesantes, que no estamos a la altura, que agobiamos, que no gustamos, dejar de pensar y simplemente entregarnos a la vida permitiendo que ocurra lo que tenga que ocurrir, encajando con heroica deportividad una posible derrota. A menudo el miedo al rechazo se sana exponiéndonos a pequeños rechazos.

 

Desde este espacio de no expectativa, podemos dejar de pensar en lo que la relación se convertirá o en los frutos que dará y estaremos disfrutando del maravilloso regalo de LA PRESENCIA, que por otro lado, es lo único disponible y real que tenemos. La expectativa es siempre un futurible, y tanto pensar que sí, como pensar que no, forma parte del futuro y por tanto de una fantasía. Ya lo dice la propia palabra expectativa; esperas que suceda algo en un futuro. Y bueno, hasta cierto punto es normal tener deseos, esperanzas y esperar cosas de la vida y de las personas, aquel que no espera nada de la vida padece de apatía y a la larga podría incurrir en una depresión. Al contrario de lo que muchos creen, la depresión no es tristeza; es desesperanza.

 

Pero una cosa es tener la intención de que las cosas mejoren o sean diferentes y tener una proyección sana de futuro, y otra cosa muy diferente es quedarnos enganchados a que pase algo sin que movamos un dedo para que suceda, viviendo en la ensoñación y en el anhelo doloroso de la esperanza no alimentada. La intención y la construcción de nuestra vida requiere de movimiento, y el movimiento requiere de una inversión emocional y/o material de nuestra parte.

 

Pero claro en la ensoñación no existe el rechazo ni las limitaciones, no existe ni el dolor ni la frustración inherentes a la existencia. (O eso creemos porque siempre acecha la voz de nuestra mente que nos susurra que qué pasa con nosotros, qué por qué los demás sí y uno no, qué por qué uno no es capaz… y esa voz es muy dolorosa y deja nuestra autoestima por los suelos). Pero bueno, aquí cada uno verá si quiere vivir construyendo sus sueños en la realidad con las limitaciones y dificultades que ello conlleva, o si por el contrario prefiere estar viviendo la vida de sus sueños…pues eso, en sus sueños.

Abrirme, sí claro, pero que se abran los demás primero

 

Esta postura del título nos encanta, pero es bastante cobarde. Queremos que los demás se abran para poder abrirnos nosotros primero y así no sufrir el rechazo y/o la indiferencia del otro. ¿Qué guay no? Vamos, que queremos que el otro se exponga vulnerable sin atrevernos nosotros a serlo. Que el otro se quite la armadura exponiéndose a ser herido sin exponerme yo, asumiendo que los demás no se sienten vulnerables y que los demás tienen menos problemas emocionales de los que tengo yo. JÁ.

 

Aquí el qué más y el que menos, y sobre todo a ciertas edades tiene una mochila que es casi más grande que uno mismo. Pero digo yo que en algún momento habrá que soltarla. Yo estoy harta de cargarla vaya, qué pesadez Dios, qué pereza de mochila. Primero va nuestra apertura, porque yo puedo creerme muy abierta porque hablo mucho, pero ojo, hablar no significa comunicarse y comunicarse no implica vincularse. Puedo hablar mucho intentando que el otro «se abra»  pero sin abrirme yo realmente. Porque una cosa es hablar y otra cosa muy diferente decir cómo me siento o lo que espero de una situación, porque esto requiere abrirnos a la VULNERABILIDAD y por tanto, a exponernos de nuevo a un potencial daño.

 

Suele pasar esto de: «No sé que decirle a la otra persona» no sabemos qué decirle a la otra persona porque no somos naturales en nuestra expresión. Si uno fuese natural en la expresión de las emociones que siente y no las reprimiese tanto no tendría que pensar en qué decir, cómo entrar, cómo acceder y cómo conseguir que el otro se abra. Si me abro yo desde la naturalidad, esto sucederá solo.

 

Sacrifica tu necesidad de reconocimiento

 

Otro de los grandes motivos por los cuales no nos atrevemos a abrirnos y mostrarnos tal cual somos, es porque aún no nos queremos tal y como somos. ¿Cómo carajos voy a mostrarme como soy si no me gusta como soy? Si creo que necesito ser alguien diferente o esconder partes de mi para ser visto y obtener amor en forma de reconocimiento. Para ser natural debo dejar de mirarme a través de los ojos de la otra persona y empezar a mirarme con mi propia mirada. Dejar de buscar valoración intentando que alguien me mire, me valide y me legitime,  y atreverme a valorarme desde mi propia mirada. Reconocer-me al fin y al cabo. Dejar de pensar en si la otra persona pensará que soy demasiado H o lo suficientemente B para ser querido.

 

No poner nuestro valor encima de la mesa cada vez que hablamos con alguien. Valemos lo que valemos no es negociable ni nadie tiene que confirmarnos que así es. Es cierto que la identidad y el valor se construye a través de la mirada del adulto en la infancia. Pero ya no somos niños, somos adultos y no podemos andar por la vida buscando la mirada de quien no me vio en el pasado en los ojos que hoy, en el presente, no me ven. Porque quizás el que en la infancia no me vio, no me vio porque él tampoco fue visto y no puede mirar aquel que no ha tenido ojos en los que mirarse, o aquel que es ciego para determinados talentos porque no los comprende.

 

Tenemos que dejar de intentar que el otro nos vea actuando un papel en el que decimos lo que creemos que el otro quiere oír, porque al final el otro nos ve, claro, pero no nos ve a nosotros, sino solamente aquello que le mostramos y que puede coincidir (o no) con nuestra verdadera forma de ser. En cualquier caso solo será una parte y no el total.

 

Solo mostramos la parte que creemos que merece la pena y que al otro le puede gustar ¿Qué desamor para con nosotros no creéis?.  Es entonces cuando te muestras como un ideal y la otra persona te ve como un ideal y de nuevo se nos complican más las cosas porque uno no puede tener naturalidad con alguien a quien idealiza, ni el idealizado puede ser natural porque actúa un papel, o en el mejor de los casos, una performance. La relación entre ideales nunca es ni real, ni entre iguales.

 

Problemas de convivencia por mala comunicación

 

En otro orden de las cosas, en problemas más cotidianos de comunicación y convivencia suele aparecer el mismo Leimotiv,  si algo me molesta y en vez de comunicárselo con toda la naturalidad del mundo me quedo esperando a que el otro lo haga porque «Debería saberlo o salir de él» (otra vez aquí la expectativa) el cabreo in crescendo está servido. Mientras más lo espero y me callo más me cabreo y cuando lo comunico lo comunico con enfado.

 

Y claro, la otra persona así no lo va a recibir bien porque, ¿Dónde está escrito que alguien deba hacer las cosas de una manera en concreto para que otra persona no se enfade? Lo que en principio era una petición que puede ser atendida desde el amor, se acaba convirtiendo en una amarga exigencia.

 

Una petición acepta un si o un no. La exigencia es unilateral, dictatorial, no ve al otro, solo ve las propias necesidades. La exigencia es ciega. Nos quejamos de que no nos ven cuando tampoco vemos. O lo que es lo mismo, más antiguo, más sagrado y más poéticamente expresado: Vemos la paja en el ojo ajeno y no vemos la viga en el propio.

 

Por eso no basta con el amor para que las relaciones funcionen; Además de amar hace falta saber vincularse. Y vincularse requiere comunicación sin miedo y sin exigencias, respetando con amor las necesidades propias pero también las ajenas y esto pasa por eliminar las expectativas que tenemos tanto sobre nosotros mismos, como sobre los demás.

 

Abrirnos, hablar, expresarnos, darnos nuestra propia voz y liberar a los demás de las imágenes que tenemos de ellos liberándonos primero a nosotros mismos de las imágenes que los demás tienen de nosotros. El fin de la expectativa es simplemente SER Y DEJAR SER y amar lo que ES en presencia y libertad.

 

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En fin, que espero que os haya servido este breve tratado acerca de la comunicación.

 

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Os abrazo,

 

Carmela, Casi Todo Es Proyección,

Todos los derechos reservados. (Puedes compartir este texto mencionando la autoría y enlazando a esta web).

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Soy demasiado empática

¿Qué pasa cuando ser empatía comienza a ser un problema?

 

A menudo me encuentro con personas, en su mayoría mujeres, que sienten que la empatía juega en su contra. Y para qué engañarnos, yo fui una de esas mujeres.

La empatía es una gran cualidad, un don de gran sensibilidad y amor para con el otro. La empatía no es ningún problema en sí. El problema surge cuando dejamos de ser empáticas con nosotras mismas, cuando la sensibilidad solamente la volcamos en el otro, cuando lo que importan son las necesidades y deseos de los demás y nunca las nuestras. Cuando la escucha es hacia fuera y nunca hacia dentro.

Es ahí cuando somos la presa perfecta para compañeros o personas que nos usan. Que piden mucho y dan poco. Personas que son tu espejo, personas que solamente se miran a sí mismos y no ven los deseos y necesidades de los demás. Un espejo perfecto. Personas que no tienen una mirada compasiva contigo. Que tienen la misma mirada que tienes tú contigo misma: Ninguna.

 

¿Entonces cuándo surge la mirada compasiva?

 

La mirada compasiva surge cuando dejamos de juzgar, surge cuando entendemos que la otra persona está solamente reaccionando. Cuando, al ver una persona histríonica que llama la atención excesivamente hasta el punto de tener que mentir, construirse un personaje falso, o inventarse una enfermedad, no la enjuiciamos como loca o malvada sino que vemos a ese niño o niña que no fue visto, que sintió que no existía, que busca existir para su mamá. Ese niño cuya necesidad es tan grande que le impide ver las consecuencias de las acciones para quien está enfrente.

La mirada compasiva surge cuando al ver a alguien que se esconde y no da la cara no la enjuiciamos como cobarde, sino que vemos a esa niña o niño al que le da miedo el papá que reclama o regaña, el que se siente inferior, rechazado o vulnerable.

La mirada compasiva surge cuando al ver a alguien que se enfada y tiene explosiones de ira, vemos al pequeño que siente que nadie tiene le tiene en cuenta y le duele.

 

Y si esta mirada es tan bonita, ¿Cuándo no sirve?

 

La mirada compasiva NO SIRVE cuando la usamos para tapar nuestro miedo al abandono o nuestra sensación de no poder solos. NO SIRVE para estar con gente que me miente y me manipula porque veo al pequeño ser. A la persona detrás de la máscara.

La mirada compasiva NO SIRVE para justificar que alguien no se comunique con nosotras y huya de los problemas de la relación o de la familia. La mirada COMPASIVA no sirve para aceptar de forma resignada que alguien vuelque contigo su ira porque «Tiene mal carácter» y «Su padre le pegaba».

No confundamos compasión y perdón con justificar acciones que te repercuten negativamente y que se repiten una y otra vez. Perdonar no es que vuelva a pasar lo mismo una y otra vez.  La compasión nunca puede servir para justificar que las personas no se hagan cargo de sus actitudes. En gran parte, -A no ser que estemos hablando de gente con una consciencia elevada-  que la gente sufra las consecuencias de su actuar es la única forma en la que se abre una la posibilidad para que se hagan cargo.

Lo tomas o lo dejas; Puedes corregir o pasarte toda la vida así, cometiendo los mismos errores una y otra vez en el mismo tipo de relaciones.

 

La solución: Mira a tu niña interna

 

La compasión es un don que nos une a los demás, que hace que sintamos amor, que nos hace soltar desde la paz.

Pero la compasión no es estar con personas que están tan embebidas en sí mismas por su dolor y sus estrategias que no te tienen en cuenta a ti.  Quererte es tenerte en cuenta a ti en la misma proporción que tienes en cuenta a los demás. Ni un milímetro más, ni un milímetro menos.  (O al menos es una de las muchas formas de hacerlo)

No usemos la compasión para alimentar un ego que nos dice que no merecemos algo mejor. No la usemos para niños disfrazados de lobos, o lobos disfrazados de niños (Que ya no se sabe qué es lo que va primero) Que la compasión no sirva nunca al ego y a su baja autoestima, que la compasión sirva al amor.

La mirada compasiva es principalmente para ti misma. Para que no te juzgues nunca jamás y por fin dejes de ver a los niños de los demás y veas de una vez por todas a esa niña que pide auxilio,  que es compasiva y justifica a los demás para ser aprobada, para que quieran estar con ella, para sentirse especial, para sentirse buena persona, en definitiva para ser amada.

Mira dentro, mira a esa niña, mira ahí, porque ahí es. Nunca es fuera, nunca es en los niños – o lobos- ajenos.

¡Mira hacia dentro!

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Fotografía:: Lying Child,Chisato Tanaka, ver y comprar su obra aquí )

 

Las luchas de poder en el amor

El poder, ese asunto plutoniano

Todo poder que no nazca de la libertad personal y la voluntad es una ficción. Tan solo es una construcción para no sentirnos vulnerables. Una construcción para tapar el miedo que tenemos al abandono, al fracaso, a la traición, a perder cosas, personas, estatus.

Un poder basado en el control, en la manipulación del otro o de las circunstancias donde lo importante es obtener lo que yo quiero o no perder aquello que creo poseer. En esta lógica nunca existen las necesidades o preferencias del otro. A pesar de lo que pueda parecer, el asunto del poder es, en realidad, un asunto de libertad. De no llevar bien la libertad de los demás porque eso entra en conflicto con aquello que yo creo que necesito para sentirme bien.

Por otro lado, la persona controlada o manipulada tiene también un asunto con la libertad: No toma sus decisiones libremente y su voluntad es débil, no se escucha en sus necesidades o deseos y se deja llevar por el miedo que ejerce la manipulación de la otra persona. El miedo a que me deje, el miedo a que sea peor, el miedo a su reacción, el miedo a no poder solo o sola.

La Lógica Hegeliana del amo y el esclavo

¿Quién depende más de quién?  ¿El amo del esclavo o el esclavo del amo? El poder del amo no se puede ejercer sin la existencia del esclavo. Depende el amo de que el esclavo no se empodere así como depende el esclavo de su amo al no saber qué hacer con su libertad.

Una estrategia de quien se sitúa en despoder podría ser meterle miedo a la persona que controla. Manipular para controlar la situación y usar todo tipo de estrategias para recuperar su lugar. (Esto es muy típico en las parejas de personas narcisistas pero no únicamente)

Este tipo de estrategias nunca tienen un buen pronóstico, ya que estás entrando en una lucha de poder en la relación. Puede que te sirva un tiempo, tu arriba y la otra persona abajo. Otra vez la desigualdad. De modo que tarde o temprano la otra persona tratará de recuperar el control.

Solo hay una forma de recuperar el poder, un poder verdadero y no ficticio. Y es tomando decisiones libremente a través de tu voluntad y sobre todo atendiendo a tus deseos y necesidades y liberándote del miedo que es tuyo y siempre lo fue. Incluso en situaciones extremas siempre existirá en primer lugar la libertad de cómo reaccionar y tras esta la libertad de cómo pensar, la libertad de qué sentir, la libertad del SER.Mandela, Gandhi, Víctor Frank nos ilustraron acerca de esta idea.

¿El poder es poder?


Hay cosas que el poder nunca podrá logar aunque algunos crean que sí.
Power is power decía Cersei en Juego de tronos. Yo creo más bien en la versión de Varys. El poder reside donde los hombres creen que reside. De modo que en última instancia el poder está en la libertad de elegir. Power is not power. Power is freedom. 🔥