¿Qué pasa cuando lo que se supone que tengo que hacer no me va bien y no se adapta a mis ritmos y a mis necesidades?
Claro, que hay una parte mía que dice. ¡Quieres dejar de pensar que estás sola en el mundo! ¡Tienes que pensar en el mundo, en el otro, a quién te diriges! ¡No vayas a tu bola! ¡Tienes un interlocutor!
Y hombre pues sí y no, somos en relación, en sistema, en sociedad, y uno tiene que pensar a dónde dirige la palabra, la acción, la intención y tener en cuenta al otro…Pero claro, también teniéndose en cuenta uno.
Lo que quiero decir es: Demasiada norma mata el deseo y la identidad personal.
Confundimos, Caos, Hacer lo que me da la gana y No pensar en nadie, con individualidad e identidad. Porque ahora va a resultar que soy individualista por no obligarme a vincularme con una persona con la que no tengo ganas de vincularme porque esa persona me quiera mucho y sí tenga ganas de vincularse conmigo, voy a resultar individualista por no ir con gente que no tiene nada que ver conmigo porque joer, son buena gente y todo es respetable.
Voy a resultar ser individualista porque NO ME APETECE FINGIR.
Una cosa es adaptarse a una serie de normas sociales que son necesarias para la organización, y otra es obligarte a organizarte de una forma que te hace mal y que no funciona para ti y que lo único que hace es que pierdas poder, fuerza, inspiración e interés.
Una cosa es desobedecer por mera rebeldía a la autoridad (Que eso es adolescente y sucede porque precisamente la identidad no está formada aún y tiene que desobedecer para formarse) y otra desobedecer por obedecer al criterio propio. (¡VIVA!)
Porque no se trata de ser antisistema, sino que se trata de construir tu propio sistema SABIENDO que perteneces a un sistema y que convives con otra gente que vienen de otros sistemas.
Cosas de familia
Dicho de otra forma, cuando crezco en una familia no hay MI LEY. Lo que hay es LA LEY FAMILIAR, que me puede venir bien o no, entonces crezco y voy construyendo MI LEY diferente a la ley familiar, porque gracias a la interacción con otras familias, otros amigos, otras parejas, otras culturas, me voy dando cuenta de que se puede vivir de otra manera.
Entonces, cuando a mi me dicen que me adapte, pues no sé chico, adáptate tú. O sencillamente que nadie se adapte y cada cual escoja su camino, porque ADAPTARSE NO ES UNA OBLIGACIÓN, basicamente porque nada es una obligación. La única persona que te puede obligar a hacer o no hacer algo es un juez.
Pero sobre todo porque cuando le decimos al otro que se adapte, en realidad le estamos diciendo que nosotros no tenemos la mínima intención de hacerlo.
Siendo prácticos, es mejor convivir con gente cuya ley sea parecida a la tuya porque si no es un suplicio, pero siempre habrá cierto nivel de diferencia y eso es bello.
Es bello porque si solo puedo amar al otro en tanto que es idéntico a mí, entonces no puedo amar en absoluto. Si no puedo amar al otro siendo quien es sin pedirle que cambie o que se adapte, en el fondo tampoco puedo amarme a mi misma sin pedirme que cambie, que sea estupenda, per-fec-ta-men-te a-dap-ta-da a lo que un día me dijeron que debía ser así.
Y por eso la identidad es bella, porque es gris, es ambivalente, es un si y un no, benigna y maligna al mismo tiempo como el dios egipcio Sobek, el cual representa – entre otras cosas- el poder.
En tu identidad reside tu poder, ahora bien, ¿Qué vas a decidir desde ese poder?
¿Demandarás respeto? ¿O te adaptarás al mandato y te negarás a ti mismo más de tres veces? ¿Permitirás que tu identidad mute y se transforme en el vínculo con el otro? ¿O te aferrarás a ella como a un mástil en plena tormenta?
Porque las tormentas llegar, llegan, y las tormentas precisamente nos invitan a mudar la piel de la identidad. Pero claro. Hay que atravesarlas porque una crisis de identidad ¡No es cualquier cosa!. Y el asunto es que no cambia tu identidad, simplemente que tu identidad integra algo que en un momento dado decidió excluir de sí, y el otro – que es diferente – me lo recuerda.
¿No os parece fascinante?
Treguas, puntos medios, fronteras, distancias, en definitiva: LÍMITES.
El límite configura la experiencia. C. Tangana en una entrevista decía que se crea mejor cuando uno trabaja con una biblioteca de sonidos concreta que cuando tiene mil bibliotecas a su disposición. ¿Y para qué quiero yo la vida si no puedo cocrear con ella?
Reconociendo tus límites, los del otro y los del mundo es que puede haber lugar a la creación e integración, si no, todo es huida y dispersión.
Y fíjate que te digo en el título de la carta: desobedecer al patriarca y no al padre.
El patriarca cuida de la ley, del orden, cuida de todos, habla y vela por todos. Pero el patriarca también se equivoca, porque su experiencia – al igual que la tuya – está configurada por sus propios límites, y porque -sencillamente- es humano.
Entonces al patriarca puedes desobedecerlo u obedecerlo según te venga bien para tu experiencia. Pero al padre no, al padre se le ama y se le agradece habernos dado -como mínimo- la vida.
Puedes amar y desobedecer. De verdad que sí.
Y tras el melodrama patriarcal: Te digo, SI QUIERES TRABAJAR LAS CREENCIAS FAMILIARES QUE SE HAN INSTAURADO COMO NORMAS EN TU HERENCIA FAMILIAR y que hacen que vivas con una serie de normas y conductas que no se adaptan a quien eres HOY házmelo saber. Estoy segura de poder ayudarte.
Con amor y ganas de abrirte el espacio,
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