Desesperanza, falta de ilusión, desgana, apatía, sensación constante de decepción con la vida, tristeza, vacío, sensación de poca valía o inferioridad con respecto a los demás, dificultad para concentrarte o tomar decisiones en tu dia a dia, sensación de no estar nunca bien, un malestar de fondo, un ruido…como si siempre faltara algo.
Si yo creyese en los diagnósticos te diría: DEPRESIÓN (o distimia si se vive de forma prolongada y se ha convertido en algo crónico)
Si yo creyese en los diagnósticos te hablaría de un sistema nervioso desregulado por un trauma, sistema hipoactivado, cuerpo colapsado que traducido a la vida real sería algo como: Te cuesta levantarte, siempre estás cansada, sensación de estar estancanda, incapacidad para el disfrute, falta de conexión con otros, planes que te motivaban ya han dejado de hacerlo. QUE LO QUE MÁS TE MOTIVE SEA LA CAMA
Pero como no me gustan los diagnósticos te diré: La tristeza y la Apatía son el síntoma ¿Dónde está la raíz?
A veces la tristeza tiene que ver con algo del pasado – o del presente- que necesitamos asimilar. Un duelo. Una ruptura. Un cambio inesperado.
Pero la mayoría de las veces tiene que ver con nuestra necesidad de actualizar quienes somos, esto es alienarse. Y para alienarse hay que darse el permiso.
¿Qué parte de ti no te está dando el permiso?
Porque necesitamos DESESPERADAMENTE EXORCIZAR a ese diablo
Don diablo se ha escapado, te agarra… muy suavemente
¿Cómo hacerlo? Hoy quiero introducirte a la práctica del Chöd.
El Chod es una enseñanza budista al que se le conoce como El ritual del Corte» y consiste en lo siguiente: El practicante del Chöd visualiza a su demonio para después (mentalmente) ir entregándole partes de su cuerpo en sacrificio.
Los demonios – obviamente – no son bichos peludos en llamas, sino barreras internas, personajes que viven dentro de nuestra psique, creencias de nuestro ego que nos hacen sufrir -y sobre todo- que nos impiden ser libres.
Hay demonios de euforia, demonios de miedo, demonios de adicción, demonios de perfeccionismo, demonios de abuso, demonios de familia…Aunque a mi el que me preocupa especialmente no es tanto el demonio, sino el Dios-Demonio; este es aquel que nos da esperanza y automáticamente lo transforma en miedo, es decir, que nos hace un saboteo en toda regla.
La necesidad de transformar nuestros demonios es universal, la diferencia de esta tradición budista con respecto a la cristiana es que en el Chöd se alimenta de los demonios en lugar de destruirlos o sacarlos a la fuerza de este mundo. El Chöd es un método para que seamos conscientes de nuestras sombras y podamos ver los tesoros que albergan en vez de destruirlos.
Aunque hay una cosa de la tradición cristiana que me resulta particularmente útil a la hora de enfrentar nuestros demonios: La Oración.
La oración es como la manifestación, pero en vez de hacer un vision board y pedir al universo una casa en la playa con vistas al mar, podemos delegar en lo divino que nos ayude a que ese «demonio» no tenga tanto poder en nosotros; De esta manera dejamos de luchar, de creer que lo podemos resolver todo solos, reconocemos nuestra propia impotencia y damos permiso a las fuerzas sanadoras de nuestra psique para que actúen.
Al hacer esto estamos reclamando una parte de nuestra alma, Si este demonio ya no vive dentro de mi siendo mi enemigo sino mi aliado… ¿Quién seré? ¿A quién perderé? ¿A dónde iré?
Dando a nuestros demonios forma, mediante la personificación, estamos sacando a flote las energías más destructivas que habitan dentro de nosotros, nuestros patrones más devastadores que nos hacen pagar un precio muy caro, para nosotros y para nuestros seres queridos.
Esta cosa de la sombra, los demonios etc, no es ajena a la psicología occidental, pero el valor adicional que ofrece esta práctica está en fusionar nuestro cuerpo con el del enemigo-demonio, nutriéndolo y entrando en un estado de despertar no dual, en el que ya no está lo bueno frente a lo malo.
Alimentar al enemigo en lugar de batallarlo, hace que rompamos la experiencia polarizada y seamos capaces de convertir la dominación en integración y tolerancia, lo cual tiene unos efectos que trascienden cualquier psicoterapia normal.
En otras palabras: En vez de sacarle la espada a mi enemigo le invito a tomar el té para convertirlo en mi aliado.
Porque da igual cuántas cabezas cortemos: Los demonios no acaban, el mal no acaba.
La batalla del bien contra el mal dejémosla para la ficción porque ya está más que demostrado que esta lucha solo nos conduce al autoodio en lo personal, y a la división y a la guerra en lo colectivo.
Mi propósito es que este enfoque de los conflictos quede pasado de moda, como el beso en la boca en aquella canción de Axel Bahia de los 2000 pero versión terapéutica:
«Demonio que sofoca es cosa del pasado, la moda ahora es no estar polarizado»
Aquí Darth Vader, que no sé si lamenta amargamente mi posición no polarizada,
o mi escaso don como letrista
No entiendo mi terapia sin contemplar este enfoque no polarizado.
Si te encuentras atravesando un momento difícil y los enfoques tradicionales no te han funcionado o no te convencen te invito a trabajar tus demonios conmigo con este método que nos dejó la budista tibetana Machig Labdrön.
Contacta conmigo a través de mi whatsapp o del formulario de mi web para contarme tu caso y ver juntas si este método te puede ayudar.
– QUIERO REALIZAR ESTE CAMINO CONTIGO –
Con amor y ganas de abrirte el espacio, te deseo un buen caminar

Machig Labdrön. Image via Maren Yumi Motomura.
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