¿Qué pasa cuando ser empatía comienza a ser un problema?
A menudo me encuentro con personas, en su mayoría mujeres, que sienten que la empatía juega en su contra. Y para qué engañarnos, yo fui una de esas mujeres.
La empatía es una gran cualidad, un don de gran sensibilidad y amor para con el otro. La empatía no es ningún problema en sí. El problema surge cuando dejamos de ser empáticas con nosotras mismas, cuando la sensibilidad solamente la volcamos en el otro, cuando lo que importan son las necesidades y deseos de los demás y nunca las nuestras. Cuando la escucha es hacia fuera y nunca hacia dentro.
Es ahí cuando somos la presa perfecta para compañeros o personas que nos usan. Que piden mucho y dan poco. Personas que son tu espejo, personas que solamente se miran a sí mismos y no ven los deseos y necesidades de los demás. Un espejo perfecto. Personas que no tienen una mirada compasiva contigo. Que tienen la misma mirada que tienes tú contigo misma: Ninguna.
¿Entonces cuándo surge la mirada compasiva?
La mirada compasiva surge cuando dejamos de juzgar, surge cuando entendemos que la otra persona está solamente reaccionando. Cuando, al ver una persona histríonica que llama la atención excesivamente hasta el punto de tener que mentir, construirse un personaje falso, o inventarse una enfermedad, no la enjuiciamos como loca o malvada sino que vemos a ese niño o niña que no fue visto, que sintió que no existía, que busca existir para su mamá. Ese niño cuya necesidad es tan grande que le impide ver las consecuencias de las acciones para quien está enfrente.
La mirada compasiva surge cuando al ver a alguien que se esconde y no da la cara no la enjuiciamos como cobarde, sino que vemos a esa niña o niño al que le da miedo el papá que reclama o regaña, el que se siente inferior, rechazado o vulnerable.
La mirada compasiva surge cuando al ver a alguien que se enfada y tiene explosiones de ira, vemos al pequeño que siente que nadie tiene le tiene en cuenta y le duele.
Y si esta mirada es tan bonita, ¿Cuándo no sirve?
La mirada compasiva NO SIRVE cuando la usamos para tapar nuestro miedo al abandono o nuestra sensación de no poder solos. NO SIRVE para estar con gente que me miente y me manipula porque veo al pequeño ser. A la persona detrás de la máscara.
La mirada compasiva NO SIRVE para justificar que alguien no se comunique con nosotras y huya de los problemas de la relación o de la familia. La mirada COMPASIVA no sirve para aceptar de forma resignada que alguien vuelque contigo su ira porque «Tiene mal carácter» y «Su padre le pegaba».
No confundamos compasión y perdón con justificar acciones que te repercuten negativamente y que se repiten una y otra vez. Perdonar no es que vuelva a pasar lo mismo una y otra vez. La compasión nunca puede servir para justificar que las personas no se hagan cargo de sus actitudes. En gran parte, -A no ser que estemos hablando de gente con una consciencia elevada- que la gente sufra las consecuencias de su actuar es la única forma en la que se abre una la posibilidad para que se hagan cargo.
Lo tomas o lo dejas; Puedes corregir o pasarte toda la vida así, cometiendo los mismos errores una y otra vez en el mismo tipo de relaciones.
La solución: Mira a tu niña interna
La compasión es un don que nos une a los demás, que hace que sintamos amor, que nos hace soltar desde la paz.
Pero la compasión no es estar con personas que están tan embebidas en sí mismas por su dolor y sus estrategias que no te tienen en cuenta a ti. Quererte es tenerte en cuenta a ti en la misma proporción que tienes en cuenta a los demás. Ni un milímetro más, ni un milímetro menos. (O al menos es una de las muchas formas de hacerlo)
No usemos la compasión para alimentar un ego que nos dice que no merecemos algo mejor. No la usemos para niños disfrazados de lobos, o lobos disfrazados de niños (Que ya no se sabe qué es lo que va primero) Que la compasión no sirva nunca al ego y a su baja autoestima, que la compasión sirva al amor.
La mirada compasiva es principalmente para ti misma. Para que no te juzgues nunca jamás y por fin dejes de ver a los niños de los demás y veas de una vez por todas a esa niña que pide auxilio, que es compasiva y justifica a los demás para ser aprobada, para que quieran estar con ella, para sentirse especial, para sentirse buena persona, en definitiva para ser amada.
Mira dentro, mira a esa niña, mira ahí, porque ahí es. Nunca es fuera, nunca es en los niños – o lobos- ajenos.
¡Mira hacia dentro!
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Fotografía:: Lying Child,Chisato Tanaka, ver y comprar su obra aquí )
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