Sufro mucho por los demás

Hay algo gozoso en el sacrificio. En el sacrificarse por una causa o por una persona necesitada.

Desde el análisis mental podríamos decir que lo que se obtiene es el reconocimiento del otro o en el chute de ego que te da el haber conseguido «salvar» a alguien. Esa realización personal de haber sacado a alguien del hoyo y haberlo hecho por amor.

 

Por amor al otro

Al familiar

A los necesitados

A la humanidad

Whatever

 

Por amor, o por ese pecho hinchado que susurra secretamente: si no fuera por mi…

Por amor, o por la recompensa de la deuda eterna que contraes con el otro: Un amor eterno que nunca se puede marchar porque su agradecimiento se lo impide.

Pero en este post no me refiero a esto, sino a la naturaleza propia del sacrificio; Me refiero al durante y no al final, aunque es cierto que al durante, a menudo, lo sostiene la promesa del final.

Vale la pena el martirio porque hay una coronación: Algo muy grande que, teóricamente, no se obtendría sin sufrimiento.

Sacrificio, etimológicamente significa «hacer algo sacro». Un sacrificio es sagrado: Doy algo de mi para algo que va más allá de mi mismo, por ejemplo, el sacrificio que se hace por los hijos, o por un proyecto que uno siente que está teñido de cierta trascendencia, por lo que sacrificio, en principio, no significa sufrimiento: Ambas tareas pueden ser gozosas dentro de su dificultad.

Sin embargo la palabra sacrificio en nuestra cultura – heredera de un cristianismo culposo mal entendido – está teñido de sufrimiento

¿Qué hay de gozoso en el sacrificio doloroso?

Se trata del gozo por el propio sufrimiento. Sufrir por el otro, por su desgracia, por su pena, por sus circustancias. Entender el amor, la piedad, la generosidad y el cuidado como algo que tiene que doler, ya que si no se sufre, no es TAN amor.

Pero yo no quiero sufrir

Pero nadie quiere sufrir ¿no? Sin embargo algo beneficioso encontramos en ello. La experiencia terapéutica me dice que nadie mantiene una creencia que le hace sufrir si no es porque obtiene (o cree que obtiene) algo bueno dentro de lo malo. Todo el mundo piensa que no elige sufrir, pero no es verdad. Y no es verdad porque todo el mundo siente dolor, sin embargo no todo el mundo se convierte en un ser sufriente: Es el gozo del masoquista

Ni el ser reconocido

Ni el sentirte útil

Ni la gloria del mártir

Todo eso es la narrativa de lo que sucede de fondo, solo es la historia que nos contamos. El personaje egoico que tiene que disfrazarse como alguien más bueno que la media, más útil que la media, más servicial que la media. Más importante y valioso que la media.

Lo que hay en el fondo es alguien que no es capaz de encontrar el gozo en lugares donde no existe el sacrificio: Porque el amor es más intenso cuando se sufre, cuando el dolor del otro se te mete en la entraña tanto tanto TANTO, que ya empieza a confundirse con el propio. Fusión dolorosa es igual a amor: Yo te quiero más porque yo sufro por ti.

Una sociedad compasiva con el dolor

En parte (pero solo en parte)  que te duela un poquito el dolor del otro es deseable.

¿Qué sociedad seríamos si no nos conmoviera el dolor del otro?

¿Qué clase de persona seríamos si quisiéramos estar siempre en el opuesto? . En el permanente gozo vivo, divertido y hedonista que niega la otra mitad del mundo?

¿Quienes seríamos si para evitar sentir el dolor propio apartásemos siempre la mirada al que pide en la calle?

Pero el problema del sacrificado es otro: se engancha a ese dolor y bebe de él como de una fuente. Se engancha a eso como un yonqui.

Pero como no quiere sufrir eternamente intenta salvar al otro para liberarse de su propio sufrimiento creando así una dependencia insalvable: Una adicción.

Solo un poco, es la última vez

¿Puede uno sufrir pero solo un poco?

¿Puede uno consumir una droga pero solo un poco?

Una dependencia es una forma de relacionarte en la cual uno acaba perdiéndose y desconectándose  por completo de sí mismo en favor de aquello que es el objeto de la dependencia, al igual que ocurre con droga o cualquier otro tipo de adicción, incluida la adicción a pensar: las obsesiones.  La adicción lo acaba monopolizando todo: Te olvidas hasta de comer.

Por eso la solución pasa por aceptar que si; Que obtenemos placer del sufrimiento, que nos autodestruimos deliberadamente, que somos impotentes ante eso que sentimos, que estamos completamente perdidos y que no sabemos cuándo fue que eso ocurrió.

No hace falta desentender del dolor ni de los males del mundo

Pero igual ya es hora de recuperar el trono.

 

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Con amor y ganas de abrirte el espacio, te deseo un buen caminar